Musarañas y libros sin clase

Lunes 21
Cumple Aitor.
Primer día de clases. No me apetece nada leer en el tren, prefiero mirar por la ventana.
Nueva clase, nuevo recorrido, nueva gente. Me gusta como suena.

Martes 22
Todo empieza a volver a fluir, menos mal.
Hoy me ha pasado algo inusual, no para mi, sino para estos alemanoides. En el tren, un señor se puso a hablarme y estuvimos hablando sobre el libro que acabo de empezar “Las lagrimas de san Lorenzo” de Julio Llamazares. Estaba con Rayuela, pero después de la primera conexión del viaje de hoy, he tenido que cambiar de libro.

Jueves 24
Vuelve a lucir el sol. Leo a Llamazares. Reconozco que al principio me parecía una lectura de “acaboellibroen2díasymeolvidodeél” pero hoy he encontrado un párrafo donde uno de los personajes me ha dejado reflexiva. Hablaba sobre su evolución personal y la relevancia que daba al campo sentimental y laboral.

“… un lector de Español cansado de un trabajo inestable y mal pagado, pero del que vivía desde hacía tiempo. Y que me había llevado por toda Europa. Sin el doctorado hecho y sin ganas de ponerme a hacerlo ya (aparte de que necesitaba ganar dinero, llevaba años sin estudiar…”
“… contacto continuo con estudiantes unido a mi peculiar estilo de vida: cada año en una ciudad, cada curso comenzando de nuevo en otro país, a veces en otro idioma, con otros alumnos siempre, me había hecho sentirme inmune a algo que los demás sí perciben, que es el paso del tiempo por sus vidas…”

Y pensando y pensando en vez de ir a Tübingen, me he venido a la Universidad de Hohenheim… Jo20131025-111740.jpgder, que es jueves.
Las 11:12 en Vaihingen. El S1 no llega hasta dentro de 10 minutos.
Y lo mejor que puedo hacer es:
Tomar el sol
Como si necesitase la combinación de respirar la luz ahogada de tiempo.
Como si no tuviera suficiente calma en los trapecios y necesitara derretir el hielo con unos rayos.

Ayer leí que Kandisnki no fue el precursor del arte abstracto. Que fue una mujer sueca, Hilma af Klint. Estuve un rato mirando alguno de sus mil cuadros guardados con recelo por su sobrino durante 20 años. El tiempo que ella pidió para ser comprendida socialmente.
Una bruma medio modernistas (frecuenta unas figuras blancas parecidas al jazmín o el narciso) entre líneas de colores y geometrías. Así me siento ahora, una burbuja de jabón de coco entre los hilos del tiempo, el ferrocarril y los cables de alta tensión. Y esto me recuerda a una vez, hace no mucho que me preguntaron -¿Y cómo lidias el estrés? Y yo dije – No lo padezco. Me sorprendió que no gustase mi respuesta. Y la acompañé de – Hago yoga. Para corroborar el éxito de la terapia. Y no vacilar de irresponsable.

Las 11:32 y estoy en Hulb, cuatro paradas para el próximo tren. No llego a tiempo a clase. Pero gracias a la evolución, tecnología, un iPhone con internet y buenos compañeros; no va a ser más que una anécdota del segundo día de clase – Gracias de nuevo Daniel -que solo yo habré sentido. Del que ahora mismo podría hacer un DAFO. Dar una importancia, pero al final decidiré sólo recordarlo entre risas.
¿Es esto lo que nos hace vivir más intensamente? Porque a mi me pasa a diario.
Y la verdad que me gusta.

Estoy en Herrenberg.
Ya son las 11:53.
Dentro de nada corriendo por Tübingen.
Y después en clase hasta las 17:30, por si queréis pasar a saludar.

P.D. Al acabar la primera clase un alumno me comenta que me vio en la primera estación. Él estaba en el andén de en frente subiendo a otro tren.

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