Después de puntos sin comas

Estos días, cuando ya estaba cansada de preparar clases, de estudiar para el proyecto de tesis, o para el curso de Macrodestrezas lingüísticas, abría el tercer libro de la saga de Katherine Pancol: “Las ardillas de Central Park están tristes los lunes.” Que a pesar de sus 919 páginas, se lee rápido. Lo he utilizado sobre todo para aprender a leer por encima. Estas navidades mi directora me decía -Pero no te leas el libro palabra por palabra, léelo por encima.- Así que me he esforzado en leer sin leer y pasar feedbacks o referencias que Pancol hace de sus otros libros. Porque a ella le encantan las largas descripciones que contextualizan eventos que se ven venir. Se recrea en nutrir el escenario de sus actuaciones.
Me he dejado llevar en especial por Gary y Hortense. Dos almas que están destinadas a estar juntas. Esa intuición inconsciente provoca que apuesten por una perspectiva más egoísta. Cada uno construye su vida sin pensar en el pilar del amor. La fuerte personalidad con la que han crecido les lleva a armar su vida con una estructura bien cimentada de trabajo. Avanzan a partir de lo que realmente disfrutan haciendo y al creer tanto en sí mismos, ellos solos flotan en éxito.

Yo también busco esa independencia personal. Los viernes por la tarde, por ejemplo, trabajo en la Volkshochschule que tengo al lado de casa. Busco el éxito apoyándome en tareas relajadas. Porque puede resultar agotador dar una clase de 17 a 21 de la noche, a adultos que acaban de salir de trabajar. Es un grupo muy variopinto en edades, ritmo de aprendizaje, técnicas de memorización y objetivos personales. Pero en general, se adaptan bien unos con otros y juntos encuentran su recompensa comunicativa.

Me he dado cuenta de que a los alumnos más mayores, la proyección de powerpoints no les facilita la comprensión de gramática. Aprenden mejor si escribo, aunque sean las mismas palabras, en la pizarra. Además las actividades psicomotrices les resultan rápidas y prefieren no tener que moverse de su silla, ni cambiar de parejas. Les encanta traducir palabra por palabra para luego preguntarme por el significado global de la oración.

A pesar de esas dificultades que se pueden encontrar dentro del aula, son muy amables y agradecidos. Y al final de la clase siempre me dan las gracias, me desean un buen fin de semana y se despiden con una afable sonrisa. De ahí es de donde se alimentan mis ganas por mejorar y hacer que cada viernes, poco a poco, superemos juntos nuestras metas como docente y discente.

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