Fonológicamente incorrecta

Hoy tengo una pausa y mientras estoy leyendo un interesante estudio que hace Giles (1979) sobre la pronunciación. En concreto aquí habla de los casos en los que el hablante no nativo decide consciente o inconscientemente, establecer una barrera lingüística para distinguirse del resto.

En estos casos opta por hablar con acento, bien para no perder su identidad cultural o como dice Poster y Garvin (1989) porque de esta manera las transgresiones a las normas sociales se disculpan más fácilmente si el transgresor es extranjero.

Mi anécdota fue a la inversa cuando vivía en Ecuador. Aquí es cierto que tuve que graduar la fuerte pronunciación de las ‘ces’ y las ‘zetas’ y añadir un acento a mi español para no sentirme rechazada en las actividades cotidianas; ya fuera comprando leche o preguntando en la calle.

En este caso contaba con la ventaja de compartir el mismo idioma. En los países de diferente lengua, como por ejemplo Alemania, he notado que sí es verdad que los nativos agradecen y recompensan el esfuerzo de los aprendientes que pronuncian o se esfuerzan por hablar correctamente su idioma.

Recuerdo que me llamó la atención cuando llegué por primera vez a Alemania y hablaba con mis amigos en inglés. Yo no había escuchado nunca la pronunciación de los alemanes al hablar otro idioma.  Lo notaba muy raro. Y es que cada país tiene un acento peculiar a la hora de hablar una L2. Los españoles  tienden a roll la ‘erre’ (lo siento, no me acuerdo como se dice)  – aunque  también es característico de los bávaros- además de no diferenciar las diferentes ‘eses’ y añadir una ‘e’ cuando la palabra empieza  por ‘s’: straβe [estrase] (calle).

Otra curiosidad que cabe mencionar sobre el aprendizaje de un segundo idioma, es la rapidez o precisión. Os aseguro que vivir en el país del que se aprende la lengua no es garantía de éxito. Bohn (1995) comenta que depende de la cuantificación de la exposición del nuevo idioma. No significa que al vivir en Alemania, todos reciban la misma cantidad de “aducto lingüístico”,  ni que éste sea de “calidad” (Seliger, 1977). Suele pasar que los españoles buscan a los españoles, los turcos a sus turcos y los polacos a las polacas. Algunos no se integran jamás y tampoco se sienten aislados en sus guetos. En un curso de alemán que hice en Darmstadt, me sorprendió que había compañeros que llevaban 17 años viviendo en el país y aún no sabían comunicarse correctamente en alemán. Y no sólo ocurre aquí, todos conocemos la costa Mediterranea de poblados ingleses y alemanes retirados.

Así que sí, se podría decir que dependiendo de los casos, unos deciden hacer una inmersión, aprender de una cultura, envolverse con otra sociedad y desarrollar habilidades; y otros simplemente viven ajenos e ‘independientes’. Por supuesto que la vida es un arcoíris y en este caso no  hay ni bien, ni mal. Que cada uno haga lo que quiera. Yo soy de diferente color según el día ¿Y tú?

 

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