Where am I?

La parte del módulo en la que estoy trabajando o estudiando, trata sobre el análisis contrastivo entre lenguas para facilitar la adquisición de una segunda lengua, entre otras cosas. Aunque había estudiado esta asignatura en la carrera, no la disfruté (y si lo hice no lo recuerdo) como lo estoy haciendo estos días.

Desconozco las fuentes, pero de todas maneras os dejo este fragmento de ejercicio que tengo que analizar. Es una parodia del diario de una norteamericana en España:

Domingo, 1 de julio.
El autobús acaba de llegar a Salamanca. He debido quedarme dormida. Ah ahí está mi nueva familia. Mi familia española. Parece que mi nuevo hogar está formado por tres personas: el padre, la madre y un hijo bastante mayor. Se acercan a mí y me besan. Hablan muy alto y muy rápido. No entiendo nada, pero les da igual. Me siguen hablando y hablan entre ellos como si estuvieran enfadados. No dejan que la otra persona acabe nunca. Debo parecer tonta. Digo a todo que sí, aunque no me entero de nada la mitad de las veces. (…) Ya estamos en casa. Es un apartamento pequeño en un cuarto piso. La casa está bastante limpia. Me enseñan mi habitación. Es muy pequeña. No sé cómo pueden dormir en camas tan pequeñas. Bueno, no debo quejarme. Por cierto, hay un señor mayor durmiendo en un sillón. Parece que es el abuelo. Tiene la boca abierta y casi no le quedan dientes. Ronca como una locomotora.
La señora de la casa me ordena que venga: “Anna, ven aquí”. Supongo que estará enfadada porque no ha dicho por favor y habla en un tono muy fuerte. No me puedo imaginar por qué se ha enfadado. Después me insiste en voz alta en que me siente y que coma. Menos mal, estaba muerta de hambre. Esta especie tiene unos horarios de comida muy raros: “Siéntate y come, venga”, me dice. Creo que aquí no conocen las fórmulas de cortesía. La comida es un poco rara, pero no está mal. La televisión está puesta con las noticias. No sé cómo pueden comer viéndolas. Después mi madre española se enfada porque no como todo, insiste en que acabe el plato y me trae más. Seguramente se trata de una estrategia para que engorde, pero no sé qué ventaja les da que yo engorde a menos que sean caníbales, pero no tenía entendido que los españoles fueran caníbales. Parecen algo raros, pero ¿tanto? Luego empieza a decirme que en mi país no se come bien, que no hay jamón, ni chorizo. Solo coméis hamburguesas. Se pasa así veinte minutos. Bueno, a lo mejor exagero, algo menos, pero en diez minutos no ha parado de comparar su planeta con el mío y a poner ejemplos de otros estudiantes que ha tenido. España siempre es mejor en todo. El señor de la casa enciende un cigarro y le dice que me deje en paz. Se ponen a discutir en un volumen muy alto. Aprovecho para marcharme.
Lunes 2 de julio
Han empezado las clases. Me consuela saber que no soy la única con problemas en este planeta. Mis compañeros de clase son solidarios. Hemos hecho terapia de grupo contando nuestras experiencias. Una compañera que vive con una familia en la que hay niños pequeños dice que son los reyes de la casa y que maltratan a sus padres todo el tiempo:”Papá dame dinero”, “Mamá, hazme un bocata”. Otro chico de Alemania estaba escandalizado de que el suelo en los bares estuviera tan sucios. Todo el mundo tira las cosas al suelo sin más. Y así otras historias. Ahora me siento mejor. Además, los profes son muy majos y la ciudad es impresionante. Hay historia en cada rincón. Bueno, y bares también.
Jueves 5 de julio
Le he preguntado al profe por qué la gente no usa palabras como “gracias, por favor o perdón”. De hecho, mi madre española me dijo el otro día “No me des las gracias todo el tiempo, Anna”. El profe vivió en Estados Unidos algunos años y me ha dicho que no me preocupe que aquí es así. Cuando vas por los supermercados en España -me cuenta- la gente te pisa, te da codazos o simplemente te roza y muy raras veces te piden perdón. Pero si vas con un carrito por los pasillos de los supermercados de los Estados Unidos, que normalmente son enormes en comparación con los de España, cuando llegas a un metro de la otra persona, empiezan a decir: Oh, perdón. Lo siento. Y mueven su carro. Al principio me hacía gracia -me dijo-, pero al final acabé pidiendo perdón a un metro de distancia. Cuando volví a España me sentía claustrofóbico las primeras veces que tenía que ir al supermercado. De todas formas, -añade- no es verdad que nadie use esas palabras, solo son menos frecuentes.
Lunes, 9 de julio
Esta especie es muy rara, hablan rápido y alto, comen a horas extrañas, conducen como locos, no duermen, pasan toda la noche en una extraña peregrinación por locales oscuros, ruidosos e ingiriendo bebidas que me producen mareos. Desconocen la cortesía… Son superdirectos. El otro día al llegar a casa un vecino pulsó el botoncito del timbre del portal, del interfono y cuando le preguntaron ¿Quién? contestó Yoooo, abreeeee.
Intenté explicárselo a mi intercambio. Le dije: En los bares la gente siempre dice “Dame una cerveza” y en mi país, nosotros decimos ¿Podría tener una cerveza, POR FAVOR? En los restaurantes es algo parecido, en mi país cuando una persona pide comida en un restaurante dice “Hola ¿puedo tener un plato de paella y pan? Y para beber me gustaría una cerveza, por favor… gracias”. Pero en España, cuando una persona quiere comer, dice Una paella, pan y para beber, cerveza. Además hablan muy alto y discuten como si estuvieran enfadados. A veces me da miedo. Mi intercambio se rió mucho. Dice que los americanos estamos un poco locos.
Jueves, 12 de julio
Me encanta España. Me encanta Salamanca. Puedes caminar por las calles y están llenas de gente. La gente parece disfrutar de la vida. No conocen la prisa. En los Estados Unidos, corremos a todas partes, siempre hay algo que hacer. Me he sentado en un café en la Plaza y el camarero tardó más de cinco minutos en venir. Pero es maravilloso sentarse aquí y ver a la gente pasar: familias, viejos, niños, extranjeros… Es como un mundo en pequeño y todos parecen felices.

Viernes, 13 de julio
Los machos de este planeta son muy agresivos con las hembras de otros planetas. No te dejan en paz. Incluso los más viejos se te acercan y te cuentan cosas que me ponen colorada. Además, el señor de mi casa y el hijo, que tiene ya 28 años, no hacen nada en casa. Mi madre cocina, pone la mesa, limpia, recoge y ellos viendo la tele. No sé si me gustaría vivir aquí. [medianoche] He conocido a Carlos, un chico de Madrid. Es guapísimo. Y muy gracioso cuando habla inglés con su acento español y dice “eschool” en vez de “school” y” estudent” en vez de “student”. Sus amigos siempre están discutiendo y se meten conmigo. Creen que todos los americanos somos iguales: incultos, ingenuos, materialistas…Hemos estado tomando unas copas y Jennifer dice que estoy un poco borracha y que me he enamorado. Es mentira. Solo tiene celos de mí. Ahí viene Carlos…

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